Escurrir a mano, agacharse y no llegar a los rincones
La fregona de toda la vida obliga a agacharse cada dos minutos, a meter las manos en el cubo para escurrirla y a arrastrar un cabezal rectangular que se queda a dos dedos de cada esquina.
El resultado es siempre el mismo: espalda cargada, manos irritadas y una línea de suciedad en los rodapiés y en los ángulos que nunca termina de irse. Y para las zonas altas, la escalera.





